Los lobos fueron depredadores competidores del hombre primitivo,
simbolizando la ferocidad, astucia, sigilo, crueldad e incluso maldad.
No todos los simbolismos del lobo son violentos o agresivos, sus manadas
unidas, que a menudo actúan como una familia ayudando en la
supervivencia (en la caza o para criar a los cachorros), aportan al lobo
una dimensión de lealtad, coraje a la hora de defender a los suyos,
fidelidad y victoria sobre las adversidades.
La tendencia de los lobos por cazar al anochecer y al amanecer, y sus
característicos aullidos nocturnos, hicieron que a menudo los lobos se
asociasen con los espíritus de las sombras, malévolos y dañinos. En
estos casos el lobo es un símbolo del miedo a la noche y la oscuridad, e
incluso a la posesión por espíritus demoniacos. Al mismo tiempo, el
hombre siempre ha admirado las cualidades del lobo, y el éxito de la
manda como grupo.
Al mismo tiempo, en las leyendas Nórdicas el lobo es un animal sagrado
asociado con Odín, y en Grecia con el Dios Apolo. Los romanos veneraban
al lobo, debido a la leyenda que proclamaba que los fundadores de Roma,
Rómulo y Remo, fueron amamantados por una loba tras ser abandonados. El
Dios romano de la guerra, Marte, vestía una piel de lobo sagrada, y ver un lobo antes de iniciar una batalla era considerado un augurio de victoria.
En
Norteamérica el lobo es visto a menudo como un maestro, un animal sabio
que actúa como mentor de los chamanes, y un símbolo de los bailarines.
Para la tribu india de los Shoshone, el lobo es una figura creadora.
