"El día en que perdamos nuestra capacidad de reírnos de la vanidad de los falsos profetas habremos perdido también lo que hizo del hombre un animal capaz de pensar."

viernes, 9 de marzo de 2012

Cartas

Alejandro a Cleopatra, hermana dulcísima, ¡salve!

Mi amadísima, no estés triste por la partida de tu marido. Hay hombres que nacen con un destino marcado y él es uno de ellos. Hay un pacto entre nosotros, y Alejandro deja su tierra, su casa y su esposa para mantenerse fiel a lo pactado. No creo que hubieras preferido ser la mujer de un hombre insignificante, de un hombre sin esperanzas ni aspiraciones. La vida habría resultado mucho más odiosa. Tú, como yo, eres hija de Olimpia y de Filipo y sé que puedes comprenderlo.

La alegría será mayor aún tras la separación, y estoy convencido de que pronto tu marido te mandará llamar para que veas ponerse el sol en las aguas divinas y misteriosas del Océano extremo, que ninguna nave ha surcado jamás.

Aristóteles dice que los griegos se asoman con sus ciudades a este mar como ranas en las orillas de una charca y no le falta razón. Pero nosotros hemos nacido para conocer otras tierras y otros mares, para rebasar límites que nadie ha osado rebasar jamás. Y no nos detendremos antes de haber visto el límite último concedido por los dioses al género humano.

De todos modos, esto no es bastante para hacerme menos dolorosa tu lejanía, y daría cualquier cosa, en estos momentos, para sentarme a tus pies y apoyar mi cabeza en tu regazo mientras escucho tu agradable canto.

Recuérdame, tal como pactamos, cada vez que veas el sol desaparecer tras los montes, cada vez que el viento te traiga voces lejanas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario