"El día en que perdamos nuestra capacidad de reírnos de la vanidad de los falsos profetas habremos perdido también lo que hizo del hombre un animal capaz de pensar."

miércoles, 11 de abril de 2012

Sobre la naturaleza humana III

<< Estaba aún tu cuerpo caliente cuando nosotros nos disputábamos ya tu herencia y continuamos luchando ente nosotros durante años. Tú no estabas ya y contigo había desaparecido el sueño que nos mantuviera unidos. Leptina quiso seguirte y la encontramos agonizante a los pies de tu lecho, con las muñecas abiertas. La reina madre Sisigambis se tocó con un velo negro y se dejó morir de inanición. Roxana decidió vivir para que pudiera vivir tu hijo.

[...]

Lo extraño es que, aunque combatíamos ásperamente unos con otros haciendo y deshaciendo de continuo nuestras alianzas, no nos odiábamos, mejor dicho, en un cierto sentido seguíamos siendo amigos [...]

No hemos sido dignos de ti, y sin embargo tratábamos de imitarte en todo [...] sólo para explotar tu imagen. No tuvimos siquiera el valor para salvar a tu familia, destruida, aniquilada sin piedad por un párrafo al pie de la página en un tratado de partición [...] la sed había secado nuestra alma y nos había convertido en monstruos.

[...]

He hecho todo cuanto debía hacer y hoy, al sentir el aliento gélido de Tánatos en mi cuello, he querido descender aquí para olvidar todo cuanto sucedió después de que tú desaparecieras y para adormecernos en paz a tu lado, amigo mío.

Ya es hora de que la cuadrilla de Alejandro se reconstituya, como aquel día en que fuimos a tu encuentro en Iliria en aquel lago helado, bajo la nieve que caía en grandes copos.

Es hora de cerrar los ojos también para nosotros, que hemos vivido un tiempo demasiado largo, y cuando nos despertemos estaremos de nuevo todos juntos, todos jóvenes y apuestos como otrora, para volver a partir contigo, para cabalgar a tu lado hacia la última aventura. Y esta vez, para siempre.>>

Valerio Massimo Manfredi - Alexandros III: En el confín del mundo

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