No era un día cualquiera, era de esos en los que tienes la mente girando alrededor de un mismo tema. Tema que te atrapa, se mete en tus entrañas y te hace querer llorar y gritar. Pero ella no lo hacía, guardaba la compostura para no empeorar las cosas y no dar demasiadas explicaciones.
Ephiny tomó el camino empedrado de todos los días, con el cabello tapándole el rostro casi por completo. De repente alzó la mirada hacia la zona donde su camino se cruzaba con otro y notó una sensación conocida: la mirada de un extraño que se cruza en tu campo de visión.
Ese rostro le resultó familiar. Lo mismo si hubiese sido otro día le hubiese preguntado si realmente era la persona que creía. Habían pasado muchos años, pero la sensación al ver al desconocido era idéntica...como electricidad. Pasaron unos minutos hasta que llegó a su destino y cambió su rumbo mientras el desconocido seguía en la misma dirección.
¿Qué sería de ellos? ¿La miró porque notó lo mismo o fue simple casualidad? ¿Y si no era quien creía? Nunca dejará de preguntarse porqué no reunió el valor para articular una simple frase. Nunca dejará de preguntarse porqué el destino quiso que fuera ese preciso día y no otro.
Por cosas como esta, Ephiny no deja de pensar que la vida, a veces, es una broma pesada.
Aún así pensó que era una razón para no escapar, al menos no inmediatamente. Le daría otra oportunidad más al destino.
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